Repertorio de acción: brigadas, testimonios y eventos

Una extraña escena se desarrollaba en el Parque Central de La Habana el 14 de noviembre de 2021. Los Pañuelos Rojos, un grupo de jóvenes posicionados en defensa del Gobierno cubano y fundado pocos días antes, había ocupado el espacio de un parque en el centro de la capital cubana y ubicado varias tiendas de campaña para realizar una «sentada» de 48 horas.

La acción —permitida y respaldada por el más alto nivel, incluso, contó con la presencia del presidente Miguel Díaz-Canel— contrastaba con la manera en que era tratado el anuncio de una marcha pacífica organizada por el grupo cívico Archipiélago para el 15 de noviembre. Pero no solo las autoridades del Gobierno cubano respaldaron la acción de los Pañuelos Rojos. A la vez que el régimen desplegaba las fuerzas represivas, Medea Benjamin (cofundadora y codirectora de Code Pink) aparecía en el Parque Central de La Habana.

Los sucesos que condujeron a ese momento siguieron dos recorridos. Por una parte, la organización de la sociedad civil cubana para encontrar formas de manifestación pacífica después de la represión gubernamental del 11 de julio de 2021 (11J); por otra, la campaña de desprestigio contra ese intento, respaldado por las organizaciones de la Red de apoyo al autoritarismo.

La represión gubernamental a los manifestantes del 11J generó una serie de debates en la sociedad civil cubana que culminaron en la creación de Archipiélago, un grupo liderado por el dramaturgo Yunior García Aguilera. En septiembre de 2021, García Aguilera anunció en la página de Facebook de Archipiélago que marcharía por la liberación de los presos políticos el 15 de noviembre (15N) de ese año, el mismo día que Cuba abría sus puertas al turismo tras la pandemia.

Luego de negar la solicitud para realizar la manifestación —lo cual va en contra del artículo 56 de la Constitución—, el Gobierno cubano emprendió una fuerte campaña de desprestigio contra Archipiélago en la prensa oficialista y en redes sociales. Lo acusaron —sin pruebas— de ser un grupo terrorista financiado por el Gobierno de Estados Unidos.

Las organizaciones de la Red —en especial el ala mediática del entramado— jugaron un papel clave en esa campaña deslegitimadora. Medios como BreakThrough (BT) News y People’s Dispatch cedieron espacio a personas vinculadas con el Gobierno —Johana Tablada (subdirectora de la Dirección General de EE. UU. del Minrex) y Rosa Miriam Elizalde (vicepresidenta primera de la Unión de Periodistas de Cuba)— quienes, predeciblemente, se hicieron eco de la desinformación y la propaganda oficialista en torno a la protesta.

La mañana del 15 de noviembre, mientras quienes pretendían manifestarse eran cercados para impedirles salir a la calle, Medea Benjamin hizo una transmisión en vivo desde La Rampa frente a una bandera del Movimiento 26 de Julio. El propósito del livestream era hacer creer a la audiencia extranjera que la «tranquilidad» de las calles cubanas se debía al rechazo de la ciudadanía a la convocatoria de Archipiélago y no al fuerte despliegue policial y militar que el Gobierno había iniciado la noche anterior.

«La impresión que nos da a nosotros estando aquí es que, independientemente de que a las personas les guste su Gobierno o no, saben que estas protestas solo van a traer caos y división, y lo que quieren [los cubanos] es seguir adelante», decía la activista norteamericana.

Esa noche, llegó a La Habana una «brigada solidaria» encabezada por Gail WalkerGail Walker: hija del difunto ministro bautista estadounidense Lucius Walker, de quien heredó su puesto de directora de Pastors for Peace –una organización de «solidaridad» con el Gobierno cubano– hasta enero de 2025. y Manolo de los SantosManolo de los Santos: director de The People’s Forum. Estudió en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas y trabajó para Pastors for Peace. Enlace de la Red con el Gobierno cubano. e integrada por miembros de Pastors for Peace, The People’s Forum e International People’s Assembly (IPA). La delegación estaba conformada por jóvenes estadounidenses no hispanoparlantes, quienes durante diez días participaron de un tour organizado y controlado por el Gobierno cubano.

Tomada de X

Los sucesos alrededor de la marcha frustrada del 15 de noviembre de 2021 marcan el inicio de una nueva dinámica de la Red asociada con la reapertura del turismo después de la pandemia. Desde entonces, brigadas solidarias no han dejado de viajar a Cuba en momentos claves para ofrecer testimonios de sus particulares interpretaciones de la realidad cubana, del impacto del «bloqueo» y de la superioridad del socialismo.

Las visitas «solidarias» a Cuba, lejos de ser un fenómeno nuevo, se remontan al peregrinaje de activistas e intelectuales extranjeros que comenzó en los años sesenta, década en la que varios individuos y agrupaciones de izquierda viajaron a Cuba para mostrar su apoyo a la Revolución. Aunque los viajes nunca cesaron, la consolidación de las organizaciones de la Red ha llevado a un renacimiento de las brigadas en el que confluyen viejos actores (como la Brigada Venceremos o Pastors for Peace) con nuevos actores (como The People’s Forum y Democratic Socialists of America), los que han utilizado los recursos y la capacidad de articulación del entramado para establecer vínculos con una novel generación de jóvenes activistas simpatizantes con el Gobierno cubano.

Desde 2022, al repertorio de acción de la Red se ha sumado la celebración de eventos en apoyo al régimen cubano tanto dentro como fuera de la isla. Mientras que el propósito de las brigadas es captar a jóvenes activistas que puedan servirse de la «realidad» manufacturada por el Gobierno para «atestiguar» sobre los efectos del embargo tras su retorno a EE. UU., los eventos apelan al imaginario tercermundista de la Guerra Fría para posicionar a Cuba como líder de la agenda anticapitalista y antiimperialista impulsada por los países del sur global.

El presente texto se propone demostrar cómo el revival de las brigadas solidarias y del «eventismo» al que han recurrido los miembros de la Red para legitimar al Gobierno cubano en la era pos11J tiene sus orígenes en momentos concretos de la Guerra Fría. Pretende, además, evidenciar los vínculos que existen entre la Red y el grupo de organizaciones y empresas que dominan el turismo «solidario» hacia Cuba desde EE. UU., así como su colaboración con el monopolio empresarial cubano.

Brigadas

Los antecedentes de las brigadas de solidaridad y su labor como replicadores de la propaganda del Estado cubano se remontan a los años anteriores al «triunfo» del primero de enero de 1959. A finales de los años cincuenta, la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista atrajo el interés de una buena parte de la izquierda internacional. El interés era atribuible, en gran medida, a la imagen profundamente romántica de la lucha revolucionaria que crearon los periodistas y fotógrafos extranjeros que viajaron a la Sierra Maestra para reunirse con los guerrilleros. Cuando la Revolución finalmente «triunfó», comenzó el peregrinaje de intelectuales, políticos y activistas que viajaron a la isla para mostrar su apoyo al nuevo régimen.

El Gobierno cubano no tardó en capitalizar ese interés. El 30 de diciembre de 1960, el Consejo de Ministros aprobó la Ley 901, mediante la cual se creaba el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). La institución fue diseñada para «facilitar la visita a Cuba de las personas y figuras más representativas de los sectores populares y progresistas de todos los países que mostraron interés en conocer directamente las transformaciones sociales, económicas y políticas en Cuba a partir de enero de 1959».

Entre las agrupaciones «representativas de los sectores populares y progresistas» que el Gobierno buscaba atraer estaban las «brigadas solidarias», entre las cuales la más conocida era la Brigada Venceremos (fundada en 1969 por jóvenes activistas pertenecientes a Students for a Democratic Society (SDS), organización estudiantil de la nueva izquierda estadounidense).

La primera Brigada Venceremos llegó a Cuba el 8 de diciembre de 1969 por invitación del ICAP para contribuir a la Zafra de los 10 millones¹ —la movilización masiva de las fuerzas productivas cubanas impulsada por Fidel Castro que buscaba producir 10 millones de toneladas de azúcar en 1970 y que fracasó—.

Los primeros «contingentes» de la Brigada se hospedaron en un campamento en Aguacate (ubicado en el sureste de La Habana). Durante su estancia en la isla, los brigadistas pasaban varias semanas cortando caña bajo la supervisión de «jefes» cubanos y con equipamiento y víveres proporcionados por las autoridades. Después de completar sus cuotas de trabajo voluntario, los jóvenes recorrían el país, visitaban sitios turísticos, escuelas, universidades y centros de trabajo.

Brigada Venceremos en Cuba, 1969. Crédito: George Cohen

Según su sitio web, más de 10 000 personas han viajado a Cuba con la Brigada Venceremos desde su fundación y —según un artículo de 2015 del medio oficialista Cubadebate— más de 100 000 lo han hecho como parte de alguna otra brigada desde el «triunfo» de la Revolución. Con los años, han surgido varias agrupaciones «solidarias» integradas por extranjeros que coordinan viajes a Cuba a través de sus brigadas, así como acciones cívicas a favor del Gobierno cubano en distintas partes del mundo; entre ellas: Cuba Solidarity Campaign (Reino Unido), Canadian Network on Cuba y la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba.

En el esfuerzo por coordinar y diversificar las tácticas de apoyo al Gobierno cubano en EE. UU. ha sido clave la coalición National Network on Cuba (NNOC). NNOC se inauguró durante una conferencia celebrada entre el 20 y el 22 de septiembre de 1991 en Washington D. C. Según su carta fundacional, su propósito es «promover la comunicación, coordinación y cooperación entre los amigos de Cuba compartiendo recursos y experiencias y teniendo un mecanismo para hablar sobre iniciativas a nivel nacional». La coalición cuenta con cuatro grupos de trabajo orientados a cambiar la opinión pública y la política de EE. UU. hacia Cuba. Actualmente, NNOC abarca más de 60 organizaciones y es una de las coaliciones vinculadas con la Red.

Los años noventa son de especial relevancia para el movimiento de solidaridad con el Gobierno cubano. En los sesenta, la novedad de la Revolución y el auge del tercermundismo asentaron las bases de la afinidad entre el Partido Comunista de Cuba y la izquierda internacional. Sin embargo, la disolución de la Unión Soviética y la pérdida de relevancia de Cuba —que durante tres décadas se había erigido como defensora de causas consideradas justas en Latinoamérica y África— obligaron a los aliados del régimen a buscar nuevos mecanismos para, por un lado, estrechar lazos con el oficialismo y, por otro, mantener a Cuba en el mapa mediante acciones de apoyo dentro y fuera de la isla.

Si la coordinación masiva entre organizaciones solidarias durante los noventa constituyó una primera revitalización del movimiento proGobierno cubano en EE. UU., la consolidación de las organizaciones de la Red a partir de 2020 representa un segundo renacimiento. En este nuevo ciclo se retoman tácticas desarrolladas entre los sesenta y los noventa, y se suman nuevos actores que funcionan en colaboración con sus predecesores. Entre ellos destacan coaliciones como NNOC, International People’s Assembly (IPA), Acere (Alliance for Cuba Engagement and Respect) y Progressive International (PI); así como organizaciones asociadas a estas, como The People’s Forum (a través del cual se financia hoy la Brigada Venceremos), Code Pink, Democratic Socialists of America (DSA) y Party for Socialism and Liberation (PSL).

Desde el 15 de noviembre de 2021 —fecha de reapertura de Cuba al turismo tras la pandemia y de la programada (y frustrada) marcha por la liberación de los presos políticos—, los nuevos grupos pertenecientes a la Red han viajado a Cuba en numerosas ocasiones en forma de «brigadas» y «delegaciones» para mostrar su apoyo al régimen tras la pérdida de legitimidad que sufrió a raíz de las protestas del 11J.

Al igual que los primeros «contingentes» de la Brigada Venceremos, las nuevas brigadas son recibidas por representantes del ICAP al llegar a la isla, quienes acompañan a los visitantes durante su estancia, que suele durar entre una y dos semanas. Una revisión de los itinerarios de varios grupos que han viajado desde 2021 muestra que estos viajes «solidarios» siempre incluyen las mismas paradas: encuentros con el presidente y funcionarios (Mariela Castro y Gerardo Hernández), visitas guiadas a instituciones gubernamentales como el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), así como a organizaciones de masas controladas por el Gobierno —los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)—, además de hospitales, escuelas, paladares y «comunidades modelo» como La Lisa y Los Pececitos.

Representantes de DSA en la Asamblea Nacional del Poder Popular
Representantes de DSA en la Asamblea Nacional del Poder Popular, octubre de 2023. Tomada de THROUGH

Los extranjeros que viajan a Cuba por invitación y en coordinación con el Gobierno —en especial los procedentes de EE. UU.— son lo que la historiadora cubanoamericana Lillian Guerra denomina «testigos imperiales»². Estos testigos fungen, en esencia, como «portavoces extranjeros» del Gobierno cubano que reproducen hacia afuera las principales ideas asociadas con la legitimidad del régimen: antiimperialismo, trabajo colectivo, unidad del pueblo en la construcción de un modelo alternativo y superioridad del socialismo.

La realidad que experimentan los integrantes de las brigadas no es la realidad cotidiana de la vida en Cuba, sino una realidad diseñada para satisfacer los deseos de los visitantes. Según explica Guerra, el reajuste al que eran sometidos a priori los lugares que iban a ser visitados por extranjeros en la década de los setenta —lo cual, en la práctica, sigue sucediendo— era parecido al de una obra de teatro: «los encuentros con extranjeros e importantes figuras nacionales, desde Fidel hasta el agente de seguridad local asignado para monitorear las performances políticas […] convertían a los ciudadanos en actores y tramoyistas en un gran drama revolucionario que debía (y podía) ponerse en escena a diario»³.

El efecto engañoso que producen los lugares visitados por los brigadistas puede observarse en el testimonio de Gabriela Silva, una de las jóvenes que viajó a Cuba para las celebraciones del Primero de Mayo de 2022 con la brigada organizada por International People’s Assembly (IPA). En People’s Dispatch (medio perteneciente al ala mediática de IPA), Silva escribe:

«Fuimos a una nueva comunidad llamada La Lisa. Los residentes de esta área tienen un rol directo en la construcción de la comunidad. El Gobierno hizo una encuesta a personas de la zona, preguntando qué querían ver en su comunidad, y la comunidad pidió una clínica. Así que se construyó una clínica».

Si el propósito de los encuentros con las organizaciones de masas es hacer creer a los jóvenes turistas que en Cuba existe el derecho de asociación, las comunidades fungen, en la práctica, como pueblos Potemkin que buscan proyectar una imagen de autonomía y organización comunitaria que no existe⁴. Estos entornos ofrecen un ambiente controlado en el que los visitantes no son expuestos a los niveles de depauperación que caracterizan a otros barrios, y donde los ciudadanos con los que interactúan no se salen del guion gubernamental.

Solo una mirada profundamente ingenua y desconocedora de la estructura totalitaria del Gobierno cubano podría pretender que en un país donde no existen votaciones transparentes —ni mecanismos independientes para verificarlas—, la construcción de una clínica se deba genuinamente a una petición comunitaria y no al interés del Estado. En un contexto donde el espacio cívico está completamente cerrado, quienes pueden presentarse como organizadores comunitarios funcionan en realidad como representantes del Gobierno y del Partido Comunista.

Delegación de DSA en La Lisa
Delegación de DSA en La Lisa, octubre de 2023. Tomada de THROUGH

Los testimonios de los cubanos «autorizados» por el Gobierno nutren, a su vez, los de los testigos imperiales, quienes se sirven de la credibilidad que les otorga haber interactuado directamente con sujetos locales —y no con miembros del exilio— para, al regresar a sus países de origen, presentarse como portavoces del «pueblo cubano»⁵, aun cuando los criterios expresados por ese «pueblo» no reflejen la diversidad real de la sociedad cubana.

Por lo tanto, el concepto de «testigo imperial» desarrollado por Guerra alude no solo al hecho de que los testigos provienen del imperio, sino a que el derecho auto arrogado de juzgar qué voces representan la voluntad del «pueblo» (léase: del Gobierno) constituye, en sí mismo, una actitud profundamente imperialista. Puede decirse, así, que los «brigadistas» actúan no solo como testigos, sino también como árbitros de la cubanidad.

Un patrón frecuente en los testimonios de los brigadistas es la descripción de su tiempo en Cuba como una experiencia cuasi religiosa. Casi todos los jóvenes reportan haber llorado durante su estancia en la isla y haber quedado maravillados ante la supuesta superioridad moral de los cubanos y del sistema imperante.

En la crónica de su viaje, Salifu Mack —activista estadounidense del All-African People’s Revolutionary Party (partido panafricano y socialista perteneciente a NNOC) que viajó a Cuba en la brigada que llegó el 15 de noviembre de 2021— relata sus conclusiones tras buscar un lugar donde comer en La Habana:

«Estamos buscando un lugar donde comer pizza cubana y encontramos algunos restaurantes en la calle […]. Si eres dueño de un restaurante en EE. UU., seguramente tienes un cartel de luces gigante fuera del local y una pizarra en la que puedes poner todo lo que vendes. Seguramente también tienes menús. Ese no es el caso para la mayoría de los restaurantes aquí en La Habana […]. Para muchos amerikkkanos Amerikkkanos: El kkk dentro de ‘americano’ hace referencia al Ku Klux Klan., esto no sería atractivo porque, en EE. UU., ir a comer fuera se comercializa como algo que necesita ser una experiencia a gran escala, no solo algo que uno hace para satisfacer la necesidad humana de comer».

En un video de Belly of the Beast titulado Chris Smalls Goes to Cuba, los miembros del primer sindicato de Amazon en EE. UU. —que viajaron a la isla en 2023 con varias brigadas para el Primero de Mayo— se maravillan ante la «resiliencia» de los cubanos y afirman: «tienen tan poco y son felices con ello».

Las declaraciones de Mack y de los sindicalistas de Amazon evidencian el carácter profundamente orientalistaOrientalista: El orientalismo es un término desarrollado por Edward Said que designa la exotización de los sujetos no europeos y justifica su tratamiento condescendiente y su dominación. de muchos activistas extranjeros. La caracterización de la pobreza cubana como «humana» o como un gesto de «resistencia» denota una tendencia occidental a fetichizar —casi siempre desde un tono condescendiente— los sujetos y las realidades ajenas. La combinación entre aprecio y pena que expresan por los cubanos reproduce una de las contradicciones centrales del discurso gubernamental: la oscilación constante entre el heroísmo y la victimización frente a EE. UU.

Al igual que las brigadas que viajaron a Cuba durante la Guerra Fría⁶, las nuevas brigadas aparecen con frecuencia en la televisión cubana y en otros medios oficialistas para transmitir sus testimonios. Así ocurrió el 23 de noviembre de 2021, cuando la primera brigada posterior al cierre pandémico se reunió con Miguel Díaz-Canel en un encuentro retransmitido por Cubavisión; o el 4 de julio de 2022, cuando Manolo de los Santos:Manolo de los Santos: director de The People’s Forum. Estudió en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas y trabajó para Pastors for Peace. Enlace de la Red con el Gobierno cubano. y Vijay PrashadVijay Prashad: intelectual comunista procedente de la India. Mano derecha de Roy Singham. Director del Instituto Tricontinental y corresponsal jefe en Globetrotter. asistieron a la Mesa Redonda, el programa propagandístico de la televisión estatal que se emite desde 1999.

Estas apariciones cumplen un doble propósito. Por un lado, el ensalzamiento mediático busca que, al regresar a sus países, los visitantes relaten el buen trato recibido en la isla. Por otro, su presencia en la prensa oficialista aspira a construir una imagen de legitimidad ante el público cubano, reforzada por eslóganes impulsados por el régimen sobre estas visitas, como el hashtag #CubaNoEstáSola.

Brigada Venceremos
Crédito: George Cohen
Mesa redonda
Crédito: Roberto Garaicoa

A diferencia de sus predecesoras, las nuevas brigadas viajan con sus teléfonos móviles y, en ocasiones, con equipos audiovisuales vinculados a medios «alternativos» encargados de documentar sus viajes para una audiencia angloparlante. Estos medios —entre los que figuran Belly of the Beast Belly of the Beast: medio «alternativo» financiado por organizaciones vinculadas a Medea Benjamin y Roy Singham que busca presentar la realidad cubana a través de la perspectiva de la política exterior estadounidense con el propósito expreso de cambiar la opinión pública en EE. UU. para favorecer un levantamiento de sanciones. y BreakThrough BreakThrough (BT) News: medio «alternativo» financiado por Roy Singham a través de Justice and Education Fund (JEF) con sede en The People’s Forum. Entre sus periodistas figuran Rania Khalek y Eugene Puryear. [BT] BreakThrough (BT) News: medio «alternativo» financiado por Roy Singham a través de Justice and Education Fund (JEF) con sede en The People’s Forum. Entre sus periodistas figuran Rania Khalek y Eugene Puryear. News BreakThrough (BT) News: medio «alternativo» financiado por Roy Singham a través de Justice and Education Fund (JEF) con sede en The People’s Forum. Entre sus periodistas figuran Rania Khalek y Eugene Puryear. — pertenecen al entramado mediático de la Red y forman parte del esfuerzo por narrar la «realidad» a la que asisten los brigadistas durante su estancia en Cuba, con el fin de «contrarrestar» a la prensa mainstream, que no siempre reproduce la versión de los hechos presentada por el Gobierno cubano.

Otro mecanismo de difusión de estos testimonios es a través de report backs o eventos que se realizan en Estados Unidos una vez concluido el viaje. En ellos, los jóvenes presentan un balance de su experiencia en Cuba para sus «camaradas» estadounidenses y para futuros brigadistas. Estos encuentros suelen ser presenciales —con retransmisiones en vivo— y tienen lugar, con mayor frecuencia, en The People’s Forum, la «incubadora de movimientos» ubicada en Nueva York que funciona como principal espacio de reunión para los miembros de la Red.

La instrumentación de la solidaridad

Como su nombre lo indica, el concepto central alrededor del cual se han constituido las brigadas que visitan Cuba para consumir y transmitir después una imagen edulcorada de la realidad es la «solidaridad». El uso del término «solidaridad» es tan laxo que puede adaptarse a distintos propósitos: el trabajo en la agricultura de las primeras brigadas, las visitas diplomáticas, las muestras de apoyo al Gobierno cubano en EE. UU. o el envío de ayuda humanitaria. Actualmente, en el campo de la ayuda humanitaria es más notable la instrumentalización del término para ser reconducido, una vez más, hacia el reforzamiento de las narrativas del Estado cubano.

Respecto a la manera en que el entendimiento de la solidaridad se materializa en las brigadas, es notable cuánto ha cambiado la forma en que los brigadistas viven la experiencia. Para ellos, viajar a Cuba es un acto de desafío contra el Gobierno estadounidense y una muestra clara de su apoyo a la Revolución. Los participantes ven los viajes «solidarios» como escapadas «energizantes» que sirven, a la vez, de oportunidad de aprendizaje para continuar la «lucha» en EE. UU. (es decir, la construcción de un amplio movimiento socialista capaz de conseguir el fin del embargo).

Sin embargo, aunque la «lucha» en EE. UU. y el enamoramiento de los nuevos brigadistas con Cuba sean iguales que los de los «contingentes» de las décadas de los setenta y los ochenta, su forma de relacionarse con la Revolución cubana ha cambiado con el tiempo. Durante la Guerra Fría había cierta preocupación entre los jóvenes estadounidenses que viajaban a la isla por contribuir de manera tangible a la construcción del socialismo⁷. En aquel entonces, el trabajo en el campo se presentaba como la mejor opción para alcanzar ese propósito.

Con excepción de las brigadas de los Primero de Mayo —que se siguen hospedando en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella y realizan, en promedio, cuatro horas de trabajo agrario por las mañanas—, la mayoría de los grupos que hoy viajan a Cuba en forma de «brigadas» y «delegaciones» no realizan ningún tipo de trabajo físico. Por el contrario, esta nueva generación de turistas no ve contradicción alguna en afirmar que viaja a Cuba para solidarizarse con el pueblo mientras se hospeda en hoteles y come en restaurantes que son inaccesibles para la mayoría de los cubanos.

«U.S. Workers March Alongside Cubans in Havana on May Day». Tomado de YouTube.

Estas agrupaciones «solidarias» son organizaciones que, en sus países, constituyen instancias de acción cívica sustentada en el derecho de asociación, inexistente en regímenes como el cubano, lo cual muestra una asimetría fundamental que se refleja en la relación de los actores de la Red con el Gobierno al que defienden: sus pares dentro de la isla deberían ser organizaciones autónomas de la sociedad civil. Sin embargo, tales organizaciones no pueden existir con plenitud de derechos, por diseño, dentro de la estructura política del país. Lo que podría leerse de esa manera son siempre organizaciones cooptadas, cuya acción está subordinada al espacio de permisividad establecido por el Gobierno.

Aunque los brigadistas argumenten que el propósito de sus viajes es solidarizarse con el pueblo, sus interpretaciones de la realidad cubana muestran que tal solidaridad es condicional al reconocimiento por parte de los cubanos de que su único opresor es el Gobierno de EE. UU. En un intento por buscar algo en común con los cubanos, los extranjeros posicionan a ambos como víctimas de Estados Unidos y niegan, en el proceso, la responsabilidad del régimen en la debacle económica del país, y el derecho de los cubanos de increparle a su Gobierno. Si los cubanos solo pueden ser víctimas de EE. UU., entonces solo los estadounidenses (en este caso, los brigadistas) pueden salvar o redimir a los cubanos regresando a su país y oponiéndose al embargo. Lo que podría parecer bondadoso o altruista a primera vista no es más que una muestra del ombliguismo característico de las izquierdas blancas y occidentales.

El white saviorismWhite saviorism: De white savior o salvador blanco. El término designa un tipo de relación en la cual el sujeto de un país desarrollado del Norte Global trata con condescendencia a los sujetos de países en vías de desarrollo. Aunque tiene un componente racial, la asimetría de poder no radica exclusivamente en la raza sino en la procedencia. de la izquierda estadounidense se evidencia de manera más explícita en otra estrategia a la que recurren con frecuencia los grupos afines al Gobierno cubano: el envío de ayuda humanitaria. Los envíos de organizaciones de la sociedad civil en EE. UU. hacia Cuba comenzaron en 1992 con la Friendshipment Caravan (que en su nombre en inglés combina las palabras friendship y shipment [amistad y envío]) de Pastors for Peace, una iniciativa de Interreligious Foundation for Community Organization, organización fundada en 1967 por varios líderes religiosos que en sus inicios formó parte de la lucha por los derechos civiles.

Durante los años ochenta, Pastors for Peace se enfocó en forjar alianzas con fuerzas de izquierda en Centroamérica. En noviembre de 1992, coordinó el primer envío de ayuda humanitaria a Cuba como «desafío» a la hostil política estadounidense hacia la isla. Desde entonces, la Friendshipment Brigade de Pastors for Peace se realiza anualmente.

Los miembros de la Red —quienes desde 2020 se habían articulado para apoyar al Gobierno cubano durante la pandemia— han realizado envíos periódicos de leche, jeringuillas y otros artículos de primera necesidad. En estas recaudaciones de ayuda humanitaria han sido claves Code Pink y The People’s Forum, que colaboran con frecuencia con Puentes de Amor —organización liderada por Carlos Lazo, un profesor cubanoamericano que aboga por el fin del embargo y por una reconciliación entre el régimen de La Habana y la diáspora cubana—.

Tras las protestas del 11J, The People’s Forum lanzó la iniciativa Let Cuba Live con un sitio web y una carta publicada en la portada de The New York Times en la que más de 400 intelectuales, activistas y políticos pedían al entonces presidente Joe Biden el levantamiento de sanciones. El primer envío de donaciones coordinado a través de Let Cuba Live llegó a Cuba el 5 de noviembre de 2021 como parte de la estrategia de deslegitimación de la protesta del 15N llevada a cabo por el Gobierno y sus aliados. Desde entonces, Let Cuba Live ha crecido y es en la actualidad una campaña apoyada por organizaciones regionales como el Foro de São Paulo y los Movimientos del ALBA.

En julio de 2022, The People’s Forum lanzó otra iniciativa para el envío de ayuda humanitaria a Cuba —esta vez enfocada en insumos médicos— llamada The Hatuey Project. La coordinadora del proyecto es Gloria la Riva, excandidata a la presidencia estadounidense por el Party for Socialism and Liberation (PSL), un partido marxista-leninista al que pertenecen otros miembros de la Red como Claudia de la Cruz y Eugene Puryear.

Tomada de The Hatuey Project

Al igual que las brigadas, la «solidaridad» de los grupos que envían ayuda humanitaria a Cuba va siempre acompañada de una declaración —tácita o explícita— de que su necesidad radica en el hecho de que los males de la sociedad cubana son causados por el «bloqueo» y no pueden atribuirse a la ineficacia del Gobierno. Muestra de esta instrumentación de la solidaridad es el hecho de que los envíos de medicamentos e insumos básicos coordinados por la comunidad cubana en el exilio no han recibido la misma atención o agradecimiento por parte de las autoridades cubanas. Para el Gobierno, la imagen de los extranjeros llegando a la isla con cargamentos que muestran la supuesta solidaridad de los pueblos del Norte con la Revolución forma parte de su intento por legitimarse ante el mundo después del ciclo de protestas y disenso que se intensificó desde el 11J.

Los eventos: entre el revival y la actualización de la comunicación

En enero de 2022, David Adler, secretario general de Progressive International, viajó a Cuba para anunciar —junto a las autoridades y la comunidad científica de la isla— un ambicioso plan para exportar 200 millones de vacunas como parte de una agenda de «internacionalismo de vacunas» que buscaba proveer a los países más pobres del mundo la tecnología y el knowhow para afrontar la pandemia; algo así como una solución desde el sur y para el sur. «Seguimos con esta delegación con un propósito muy sencillo —decía Adler al concluir la rueda de prensa—: vacunar al mundo, cambiar ese sistema para llegar a un nuevo orden de la salud internacional».

Progressive International es una coalición de izquierda fundada en 2020 que abarca 75 partidos políticos, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil —entre ellas: Code Pink y Democratic Socialists of America (DSA)— de más de 40 países. Su afinidad con el Gobierno cubano se hace evidente en el hecho de que Mariela Castro —hija de Raúl, directora del Cenesex y miembro de la Asamblea del Poder Popular— funge como asesora en el Consejo de Progressive International.

Aunque el apoyo de Progressive International al régimen de La Habana fuera evidente desde su inauguración, la visita de Adler en 2022 marca una nueva dirección, no solo en la alianza entre la coalición y el Gobierno cubano, sino en la estrategia de apoyo al régimen de la Red. Si hasta entonces los integrantes del entramado habían viajado a la isla para mostrar su apoyo al Gobierno, a partir de 2022 comienza un esfuerzo más ambicioso: posicionar a Cuba como centro de las discusiones sobre el futuro del Sur Global. Para ello, las organizaciones de la Red han recurrido a la celebración de eventos masivos tanto dentro como fuera de la isla.

Entre el 8 y el 10 de junio de 2022 se celebró en California, EE. UU., la Cumbre de los Pueblos para la Democracia (People’s Summit for Democracy), la cual fue organizada por 15 organizaciones —entre ellas: The People’s Forum, Code Pink, International People’s Assembly (IPA) y los Movimientos del ALBA—. El propósito de la Cumbre era desafiar al Gobierno estadounidense por haber excluido a Cuba, Venezuela y Nicaragua de la IX Cumbre de las Américas y ofrecerles a personas vinculadas con las tres dictaduras de izquierda un espacio para reunirse e impulsar sus respectivas agendas. Entre los panelistas cubanos se encontraban Izett Samá Hernández (directora general del Centro Martin Luther King Jr.), Gretel Marante Roset (funcionaria de la Federación de Mujeres Cubanas) e Israel Rojas (integrante del dúo musical Buena Fe).

People’s Summit for Democracy
Tomada de Peoples Dispatch

El 24 de septiembre de 2022, IPA convocó a la segunda edición de la Cumbre de los Pueblos en Nueva York para fomentar «la democracia más allá del imperio estadounidense» junto a Bruno Rodríguez Parrilla y Carlos Faria, ministros de Relaciones Exteriores de Cuba y Venezuela, respectivamente.

En ambas cumbres, los representantes del Gobierno cubano impulsaron uno de los argumentos claves en la legitimación del régimen pos11J: que los modelos político y económico cubanos son alternativas viables a la democracia liberal y a la economía de mercado. Bajo esa interpretación oficialista de la realidad cubana, la existencia de un único partido no supone un problema, ya que las organizaciones de masas y la Asamblea Nacional del Poder Popular son muestra de la existencia de una democracia participativa. Cualquier discrepancia con esa supuesta democracia es, sin excepción, la consecuencia del esfuerzo del Gobierno estadounidense por deslegitimar los logros de la Revolución; un esfuerzo que incluye la continuación del embargo, el financiamiento de disidentes en la isla, y la difusión de propaganda antirrevolucionaria en los grandes medios de comunicación.

A esa nueva conceptualización de una democracia exótica e incomprendida se suma una de las estrategias más recientes de la Red: la de resucitar y reempaquetar el imaginario tercermundista de la Guerra Fría para promover un nuevo internacionalismo que busca empoderar a las naciones del sur global y romper su dependencia con occidente. El mejor ejemplo de esa ambiciosa meta son los esfuerzos de Progressive International por revitalizar el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) de 1974.

Aunque el internacionalismo liberal nació en el continente europeo a mediados del siglo XIX, los procesos de descolonización de Asia y África que tuvieron lugar entre los años cincuenta y sesenta propulsaron a los países de la «periferia» a la arena política global. En la Conferencia
de Bandung de 1955 —la primera conferencia internacional integrada por Estados poscoloniales—, los 29 países partícipes expusieron una visión compartida para el futuro del Tercer Mundo: un horizonte basado en la soberanía, la paz y la colaboración —en igualdad de condiciones— entre
las naciones del norte y del sur.

En los años sesenta, las naciones del Tercer Mundo comenzaron una serie de debates sobre el estado de la economía mundial, la cual favorecía los intereses de los países del norte. Los países del sur —los cuales se habían unido en las Naciones Unidas bajo el bloque del G77— mostraron su disposición por conquistar la soberanía de sus recursos y abogar por una reforma de los términos de comercio internacional establecidos por el sistema Bretton Woods.

Los debates culminaron en la Declaración Sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional y un Programa de Acción, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el primero de mayo de 1974. A pesar del ímpetu inicial, las propuestas económicas del NOEI perdieron relevancia en los foros internacionales debido a los desacuerdos entre las naciones que las esbozaron pero, sobre todo, gracias a la fuerte oposición de los países occidentales —especialmente EE. UU.—, los que veían el empoderamiento de los países del sur como una amenaza para el orden liberal internacional.

El 8 de diciembre de 2022, Progressive International inauguró «un nuevo proceso global para presentar, deliberar y desarrollar propuestas para un Nuevo Orden Económico Internacional adecuado para el siglo 21». En la conferencia inaugural del lanzamiento (que tuvo lugar en The People’s Forum), el representante de Cuba ante la ONU, Yusnier Romero Puentes, insistió en que las condiciones del orden mundial que habían dado lugar al NOEI de 1974 seguían siendo esencialmente iguales y que un nuevo orden económico debería rechazar las medidas coercitivas unilaterales como medida de presión.

El 27 de enero de 2023, se celebró en el Capitolio la primera edición del Congreso de La Habana sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, organizado por Progressive International en colaboración con las autoridades de la isla. El Congreso coincidía con la entrada en funciones de Cuba como presidente pro témpore del Grupo de los 77 más China, formalmente iniciada
el 12 de enero. Coincidía también con la V Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo, que se celebró entre el 24 y 28 de enero, convocado por el Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional con el auspicio del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

David Adler en el Congreso de La Habana sobre el NOEI en 2023. Tomada de Progressive International

La confluencia de ambos eventos en el inicio del año en que Cuba asumiría la presidencia del Grupo de los 77 no es casual; estos eventos constituyen un respaldo directo a la posición de Cuba y complementan su elección con la pretendida demostración de su capacidad de ubicarse en el centro de las luchas de los países en vías de desarrollo. En la declaración del evento se destacaba justamente como uno de los objetivos «acompañar» a la isla al reconocer «la valiosa oportunidad que brinda la presidencia de Cuba en el Grupo de los 77 más China para sacar al sur de la crisis actual y canalizar las lecciones de su Revolución hacia propuestas concretas e iniciativas ambiciosas para transformar el sistema internacional más amplio».

Un año más tarde —entre el 28 de abril y el primero de mayo de 2024— tuvo lugar la segunda edición del Congreso sobre el NOEI en La Habana, esa vez en ocasión del 50 aniversario de la declaración original de 1974, y en colaboración con la Oficina del Historiador de La Habana y la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC). Al evento asistieron 89 políticos, diplomáticos y académicos de 36 países.

El 23 de septiembre de 2024, Progressive International publicó el Programa de Acción para la Construcción de un Nuevo Orden Económico Internacional en su sitio web. El nuevo programa reconoce los fallos del NOEI de 1974, identifica los retos actuales —como la crisis climática y el avance de la tecnología— y construye sobre las propuestas iniciales, ofreciendo nuevas medidas de acción para la implementación del programa, como la creación de monedas alternativas y nuevas instituciones financieras —incluidos bancos de desarrollo regionales— que sirvan de contrapeso al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial y beneficien a los países del sur.

El atractivo de una revitalización del NOEI es comprensible. Desde la pandemia de COVID-19, la vida se ha vuelto insostenible no solo para las naciones del sur global, sino también para las personas en el norte. La competitividad en el mercado laboral, el estancamiento de los salarios, la dependencia en el crédito para afrontar gastos básicos, y el inacceso a una vivienda digna —propiciada por la desregularización del mercado inmobiliario y el desplazamiento masivo de «nómadas digitales» a zonas de bajo poder adquisitivo— han dejado a muchas personas ansiosas de nuevas alternativas políticas capaces de mejorar sus condiciones de vida.

Para Progressive International, ubicar a Cuba en el centro de las discusiones sobre cómo afrontar los retos de un mundo posCOVID, forma parte de la estrategia para promocionar el NOEI apelando a un pasado romántico que gira en torno a la figura de Fidel Castro y recicla los nombres y discursos de eventos como la Conferencia Tricontinental de 1966, el Congreso Cultural de La Habana de 1968 o la VI Conferencia de Países No Alineados de 1979 (que se celebró en La Habana), para imponer a los nuevos políticos y académicos que viajan a Cuba como los herederos del legado tercermundista.

La Revolución cubana de 1959 conectó las luchas anticoloniales de Asia y África con las de Latinoamérica y dio un espejo que reflejaba los deseos de un tipo de sociedad con las necesidades de los trabajadores y campesinos en su centro. La ocupación de esa posición, que en la década de los sesenta podía sostenerse, aunque con críticas, evolucionó de su incipiente raíz liberadora hacia la reivindicación de la postura soviética a medida que el Gobierno cubano copiaba el modelo estalinista y hacía su economía cada vez más dependiente de los subsidios moscovitas.

Fidel Castro en la Conferencia Tricontinental, 1966. Tomada de Granma

Con la caída del campo socialista, las transformaciones ocurridas en Cuba continuaron reivindicando en lo discursivo demandas fundamentales como la justicia social o la redistribución de la riqueza, pero en la práctica avanzaron hacia lo que es en la actualidad, de manera ostensible, la hegemonía de un grupo en el poder. Cuba es hoy un país extremadamente represivo y cerrado, con una economía devastada, en gran medida, por el acaparamiento total del Partido Comunista, cuyos miembros han renunciado al acápite más importante de su pacto social: la protección de las mayorías trabajadoras.

El Gobierno cubano no ha invertido significativamente en prestaciones públicas desde la disolución de la Unión Soviética. Tampoco lo ha hecho en agricultura, lo cual ha profundizado la inseguridad alimentaria de los cubanos, en especial la de las comunidades más vulnerables que no tienen familia en el exterior que pueda mitigar la incompetencia estatal. Que un Gobierno que sufre un embargo no haya priorizado la implementación de medidas que garanticen las necesidades básicas de su población, y que haga a la economía nacional menos —no más— dependiente de los países del norte, pone en evidencia la desconexión que existe entre el discurso de los representantes cubanos en foros internacionales y la realidad de la isla.

La colaboración de Progressive International en este esfuerzo no implica una maniobra de desinformación del tipo de la que impulsan los medios de comunicación de la Red; pero contribuye al ocultamiento de la catástrofe económica cubana. Que el sistema económico internacional está diseñado por y para beneficiar a los países desarrollados es ineludible. Sin embargo, tampoco se puede obviar (como hace Progressive International) la responsabilidad que los gobernantes de los países del sur tienen en propiciar crisis y conflictos que no son completamente atribuibles al estado de la economía global o a las políticas implementadas por los países del norte.

Al considerar esa situación, la reivindicación de Cuba como protagonista en una rearticulación de las fuerzas de los países en vías de desarrollo en pos de un proyecto de reordenamiento internacional es una falacia que funciona únicamente con base en la nostalgia, el desconocimiento o en la alianza deliberada con el poder que mantiene al pueblo cubano sojuzgado y pobre.

La monetización de la solidaridad

Desde los años sesenta hasta la disolución de la Unión Soviética, el régimen cubano había corrido con gran parte de los gastos de los viajes «solidarios» de intelectuales, activistas y militantes simpatizantes con el Gobierno. Según el historiador cubano Abel Sierra Madero, «el ICAP se convirtió en una gran corporación de turismo ideológico que manejaba hoteles, casas de visita, una red de guías e intérpretes y varias dependencias en el exterior conectadas con el Ministerio de Turismo de Cuba y con agencias de viaje».

El colapso de la Unión Soviética forzó al Gobierno —que hasta entonces había gozado de los generosos subsidios de su mayor socio comercial— a buscar nuevas fuentes de ingresos que mantuvieran a flote el proyecto revolucionario, que a 30 años de su «triunfo» estaba sufriendo su primera gran crisis de legitimidad.

A mediados de los noventa, el Estado cubano fijó su mirada en la explotación del turismo que, junto con las remesas y las brigadas médicas, se convirtió en uno de los tres pilares de la economía nacional en la época postsoviética. La toma de Raúl Castro de la presidencia en 2008 comenzó un proceso de absorción de las empresas estatales por parte del ejército, que se consolidó como patrón y principal motor de la economía cubana. Mediante Gaviota y Habaguanex —y alianzas con empresas españolas como Meliá—, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) consolidaron su monopolio, no solo sobre la explotación hotelera, sino sobre el resto del sector turístico.

La consolidación de la alianza entre el régimen cubano y las organizaciones de la Red ha sido en extremo beneficiosa, no solo para la imagen del Gobierno hacia el exterior, sino también para su intento de rescatar el turismo cubano, que cinco años después de la pandemia tiene las cifras más bajas en 17 años. Podría decirse entonces que la reapertura de las fronteras cubanas en noviembre de 2021 marcó un punto de inflexión, no solo en el accionar de la Red, sino en la convergencia entre los intereses económicos de un entramado de organizaciones de viaje registradas en EE. UU. y de las empresas estatales cubanas, las cuales se han unido para impulsar y sacar rédito de un rebranding del turismo «solidario». Tal convergencia se refuerza también en la estrategia del Ministerio de Turismo de promover el turismo de eventos e incentivos, implementada en enero de 2021. Aunque los eventos políticos han sido desde hace décadas un rubro importante de la oferta turístico-política del Gobierno cubano, la estrategia apunta en la misma dirección: hacer converger intereses económicos con promoción de narrativas políticas.

Una empresa clave en el monopolio turístico cubano es Amistur. La Agencia Amistur S. A. se fundó en 1995 en Panamá, aunque en la actualidad está registrada en Cuba. Según su sitio web, su misión se centra en «mantener la exclusividad en el mercado internacional como único receptivo cubano de turismo especializado en programas sociopolíticos» y en recibir «viajeros en composición de grupos y brigadas de solidaridad que lleguen a nuestro país a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, de las Asociaciones de Amistad con Cuba en el mundo y de las Agencias de Viajes extranjeras».

Las brigadas solidarias de cualquier parte del mundo pueden contratar paquetes turísticos directamente con Amistur. Sin embargo, la mayoría de las personas que viajan a la isla desde EE. UU. en brigadas y delegaciones lo hacen contratando los servicios de un puñado de agencias de viajes con sede en el país norteamericano, entre ellas: Marazul, ProximityCuba, Global Exchange y Cuba Educational Travel.

Marazul Tours fue fundada en 1979 por Francisco Aruca, un ciudadano cubanoamericano que participó en los diálogos entre el Gobierno de la isla y la comunidad exiliada en 1977. Según su página web, la compañía cubana Havanatur —parte del entramado turístico estatal— se fundó en respuesta a la inauguración de Marazul Tours con el propósito de colaborar con su análoga estadounidense en la explotación del turismo hacia Cuba. El actual presidente de Marazul, Bob Guild, fue co-chair de la National Network on Cuba (NNOC), lo cual explica que los viajes a Cuba organizados por NNOC se hagan contratando los servicios de Marazul Tours.

Otra de las agencias de viaje protagónicas en el turismo «solidario» es ProximityCuba, cuyo nombre legal es International Outreach Educational Center (IOEC). Al igual que Marazul, ProximityCuba se especializa en diseñar viajes personalizados para distintos tipos de agrupaciones. Entre sus aliados figuran Thoughtworks —la compañía tecnológica fundada por Roy Singham—, el ICAP, Amistur y Transtur. ProximityCuba ha organizado numerosos viajes a Cuba en colaboración con Code Pink.

Además de su colaboración con ProximityCuba, Medea Benjamin se ha beneficiado directamente del turismo «solidario» hacia Cuba a través de Global Exchange, la organización que fundó con su marido Kevin Danaher en 1988 y a través de la cual organiza reality tours a la isla, los cuales rondan los 3 000 USD (excluidos los vuelos).

Cuba Educational Travel (CET) es una empresa fundada por Collin Laverty que brinda viajes más costosos a la isla y organiza eventos en colaboración con compañías registradas en Cuba. Por ejemplo, los viajes organizados de forma anual desde 2014 para The Nation (medio de izquierda estadounidense) rondan los 5 000 USD (excluidos los vuelos). Entre las ofertas de Marazul, ProximityCuba y Global Exchange, y CET se pueden distinguir tres niveles de costos y, por tanto, de clientelas.

Las agencias hasta aquí mencionadas pertenecen a Respect (Responsible and Ethical Cuba Travel). Respect es una coalición que «une a organizaciones sin fines de lucro, agentes de viaje, turoperadores y otros proveedores de servicios de viaje dedicados a practicar y promover [experiencias de] viaje a Cuba éticas y socialmente responsables». Surgió en diciembre de 2016 tras una reunión de dos días en La Habana entre varios integrantes de organizaciones afines al Gobierno.

Bob Guild (Marazul) y Gail Reed (Medicc) en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en 2017. Tomada de Trabajadores

Varias de las organizaciones vinculadas con Respect pertenecen a más de una de las coaliciones de la Red, concretamente: National Network on Cuba, Acere, Progressive International y International People’s Assembly.

La existencia de una coalición empresarial aunada bajo la idea de un turismo ético y responsable no supondría, en principio, ningún problema. Tampoco, la de la reunificación familiar o el derecho de los estadounidenses a viajar a Cuba. Sin embargo, sí lo es el aprovechamiento del discurso político para capitalizar y monetizar una imagen exótica de una Cuba decadente y ruinosa, pero resistente. La intensificación de ese proceso en los últimos cuatro años ha dado lugar a dos fenómenos. El primero es la especialización sectorial en la cual la oferta está orientada a profesionales de áreas específicas: salud, derecho, sindicalistas, etcétera. El segundo es la creación de paquetes de lujo. Estas últimas variantes aprovechan el capital simbólico de la Revolución para llegar a una clientela de mayor poder adquisitivo.

Desde la reapertura al turismo en noviembre de 2021, ha habido un aumento en la cantidad de brigadas que, en vez de alojarse en campamentos y lugares más modestos, se hospedan en los hoteles de lujo (como el Grand Aston) en los que el Gobierno cubano ha seguido invirtiendo desproporcionadamente. Este patrón podría ser un intento de las autoridades de la isla de capitalizar el nuevo interés de viajar a Cuba para generar ganancias y dar uso a hoteles que han permanecido casi vacíos desde sus inauguraciones. La jugada indica que para una parte no despreciable de la izquierda y los sectores liberales occidentales no existe contradicción alguna en pagar miles de dólares para ver un país en ruinas de la mano de las personas que han contribuido de manera directa a ese colapso al que asisten como si fuese un espectáculo.

En este punto, la confluencia entre la instrumentación de la ideología del Gobierno cubano, la campaña por el levantamiento del embargo y la generación de ganancias a través del turismo político funcionan como un sistema de retroalimentación mutua. La diversificación de la oferta turística que aprovecha el capital simbólico de la Revolución y la infraestructura de la Red atraen clientes con mayor poder adquisitivo. Los ingresos derivados sostienen, a su vez, el entramado; lo cual les permite reinvertir las ganancias para continuar abogando por el fin del embargo como condición necesaria para aumentar la recaudación y resufragar sus negocios. De esta forma, el pretendido apoyo ideológico al proyecto social del Gobierno cubano se devela como un emprendimiento explotador y extractivista mutuamente beneficioso para un grupo de empresas estadounidenses y para el régimen de la isla.

***

A lo largo de esta investigación hemos argumentado que el capítulo cubano de la Red de apoyo al autoritarismo debe entenderse como un entramado que busca avanzar los intereses del Estado cubano en EE. UU. emulando su discurso y abarcando varios ámbitos: el activismo, la prensa y la política estadounidense.

En el primer texto de la serie exploramos cómo las organizaciones de la Red se han beneficiado de ciertos mecanismos financieros y del laxo oversight de las actividades lobistas en Estados Unidos para impulsar la agenda oficialista cubana sin rendir cuentas al Gobierno estadounidense.

En el segundo texto diseccionamos la desinformación de medios «alternativos» como Belly of the Beast y las estrategias que han desarrollado para incidir en la opinión pública estadounidense como parte de una agenda de incidencia política. En el tercero, hemos atendido el repertorio de acción de la Red analizando el uso de la presencia y el contacto directo con la «realidad» cubana para expandir las narrativas propagandísticas y el entramado empresarial.

Detrás del lenguaje de la solidaridad, el amor, la reunificación familiar y los intercambios entre pueblos, hay intereses en ambos lados de la orilla que se benefician de la miseria que dicen denunciar. Al desviar la atención de la responsabilidad del Gobierno cubano en la catástrofe del país hacia la culpabilidad de EE. UU., la Red sirve para el doble propósito de justificar la explotación del régimen hacia su sociedad y silenciar las voces críticas. En el proceso, contribuye al sostenimiento de la élite gobernante y a su enriquecimiento.

¹ Latner, T.A. (2018). Cuban Revolution in America: Havana and the Making of a United States Left, 1968-1992. Chappell Hill: The University of North Carolina Press, p. 29.

² Guerra, L. (2023). Patriots and Traitors in Revolutionary Cuba, 1961-1981. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, p. 343.

³ Guerra, L., Patriots and Traitors in Revolutionary Cuba, 1961-1981, p. 348.

⁴ Ver, por ejemplo, el capítulo «The Potemkin Village Dilemma» en David-Fox, M. (2011). Showcasing the Great Experiment: Cultural Diplomacy and Western Visitors to the Soviet Union, 1921-1941. Oxford: Oxford University Press.

Guerra, L., Patriots and Traitors in Revolutionary Cuba, 1961-1981, p. 345.

Latner, T.A., Cuban Revolution in America: Havana and the Making of a United States Left, 1968-1992, p. 42-43.

 Latner, T.A., Cuban Revolution in America: Havana and the Making of a United States Left, 1968-1992, p. 38.

Miguel Díaz Canel