Medios y momentos movilizadores

«Hay quien dice que la culpa de todo es del socialismo. Si es así, ¿por qué no quitan el bloqueo?»; se pregunta Liz Oliva, conductora y periodista cubana, en el tercer episodio de la serie The War on Cuba. En el siguiente capítulo, Oliva regresa sobre la misma idea: «Si el fracaso económico es solo debido al Gobierno cubano: ¿Qué sentido tiene el bloqueo?». La pregunta, sin dudas retórica, sintetiza el argumento y la motivación fundamental de la labor de un medio protagónico en presentar las narrativas oficialistas cubanas al público estadounidense: Belly of the Beast (BOTB).

La idea del sinsentido del bloqueo juega con otra contraria —que la responsabilidad de la debacle económica es del Gobierno cubano— y la niega. The War on Cuba intenta demostrar, por un lado, los efectos negativos del «bloqueo» en la vida en Cuba y, por otro, la ausencia de responsabilidad y las virtudes del Gobierno de la isla.

BOTB es parte fundamental de la Red de apoyo al autoritarismo —un entramado de organizaciones, partidos políticos, centros de investigación y medios financiados por Roy Singham y Medea Benjamin que buscan crear una imagen favorable de diversos regímenes autoritarios, incluido el cubano, en Estados Unidos—.

BOTB es parte del ala mediática del entramado. Según sus integrantes, se trata de un pequeño medio independiente que busca rescatar «las historias no contadas de Cuba». Desde 2020, BOTB ha jugado un papel clave en el fuerte lavado de imagen llevado a cabo por la Red y ha conseguido movilizar suficientes recursos y contactos para salir de los márgenes y convertirse en un medio capaz de incidir en la prensa mainstream y en la política de EE. UU.

El presente texto detalla la evolución de BOTB y explora las estrategias que le han permitido ocupar un espacio particular, la intersección entre el periodismo y el cabildeo. Rastrea, además, los conceptos y las dinámicas a las que acuden un grupo de medios radicados en Estados Unidos que amplifican las narrativas del Gobierno cubano, sirviéndoles así de sustento en su esfuerzo por legitimarse ante el mundo.

Inicios

En enero de 2020, el sitio web de Green Cities Fund, una organización sin fines de lucro, publicó un PDF que presentaba un proyecto audiovisual titulado Belly of the Beast: Cuba from The Inside. Según los creadores, la política de sanciones de Donald Trump —y sus efectos sobre la economía y la sociedad cubanas— había recibido ínfima cobertura en los grandes medios de comunicación. Belly of the Beast se proponía llenar el presunto vacío con una serie de diez capítulos titulada Trump’s War on Cuba.

Cada episodio se enfocaría en un tema distinto: el sector privado, las misiones médicas y el turismo, entre otros. El propósito era mostrar el efecto negativo de las sanciones estadounidenses con la expectativa de que una victoria del Partido Demócrata en las elecciones de 2020 llevara hacia un retorno a la política de acercamiento de Barack Obama.

La serie se distribuiría entre mayo y noviembre de 2020 a través de YouTube, Facebook e Instagram; y se realizaría una «intensa campaña para captar a influencers y comunidades vinculadas con Cuba y Latinoamérica». El equipo incluía a Reed Lindsay (director), a Ed Augustin (productor), a Luna Olavarría Gallegos (estratega digital) y a Tracey Eaton (consultor).

Aunque el documento detalla abiertamente los fines políticos de la serie, BOTB se vendió desde el principio como un medio alternativo, independiente, desinteresado y sin financiamiento de grandes corporaciones. En una entrevista con Nacla, el equipo habló de las dificultades que enfrentan los periodistas independientes en Cuba y del recelo con el que las autoridades cubanas miraron a BOTB en un inicio.

En abril de 2020, BOTB comenzó a compartir adelantos de la serie en sus redes sociales. En uno de los avances, se muestra un centro de aislamiento de COVID-19 en la isla para extranjeros en excelentes condiciones; el cual nada tenía que ver con los centros en los que se hospedaban los cubanos. En otro, integrantes de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) educan a un grupo de vecinos sobre los protocolos de la pandemia. BOTB presenta los CDR como «herramienta para la organización comunitaria», obviando su función como órgano estatal de monitoreo y represión de la ciudadanía.

Cuatro meses después (septiembre de 2020), BOTB empezó a publicar una serie de conversatorios con activistas e intelectuales de izquierda estadounidenses titulados Lessons from Cuba, en preparación para el estreno de la serie —que se había retrasado para octubre de 2020— y como acompañamiento de los episodios. Los invitados de los conversatorios —entre quienes figuran James Early, Devyn Springer, Gerald Horne, Manolo de los Santos:Manolo de los Santos: director de The People’s Forum. Estudió en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas y trabajó para Pastors for Peace. Enlace de la Red con el Gobierno cubano. y Vijay PrashadVijay Prashad: intelectual comunista procedente de la India. Mano derecha de Roy Singham. Director del Instituto Tricontinental y corresponsal jefe en Globetrotter. — dedican cerca de una hora a elogiar a la Revolución cubana.

No es de extrañar que el 30 octubre de 2020 —cuatro días después del estreno del tercer capítulo de The War on CubaCubadebate (principal medio oficialista cubano) publicara lo siguiente:

«The War on Cuba se sale del panfleto, del discurso meramente político y humaniza con varios testimonios las consecuencias del bloqueo [para] los cubanos. Lo primordial: la selección de los entrevistados es diversa y muy acertada cuando sabemos que, en solo tres episodios de una duración de 10 a 20 minutos, se quiere brindar una mirada global y justa a un tema que no es para nada novedoso (…). Su mirada —dirigida, sobre todo, a un público extranjero— es la de contar Cuba desde su gente, desde distintos espacios y niveles sociales, políticos y culturales. The War on Cuba es la prueba más directa y fresca de eso».

«Trailer — The War On Cuba, Episode 1. Tomado de YouTube.

Tras el estreno de la serie, BOTB comenzó a hacerse eco del discurso del Gobierno cubano de manera más abierta a través de sus redes sociales. El 3 de diciembre de 2020, por ejemplo, después de la histórica protesta que tuvo lugar frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de ese año en solidaridad con el Movimiento San Isidro (MSI), la cuenta de X (entonces Twitter) de BOTB publicó un hilo al respecto:

«¿Es el Movimiento San Isidro un grupo independiente de artistas? ¿Son el Movimiento San Isidro y la rara protesta del viernes pasado frente al Ministerio de Cultura lo mismo? La situación en Cuba es mucho más compleja de lo que ha sido retratado por los medios. El Movimiento San Isidro es respaldado por el Gobierno de EE. UU. Esteban Rodríguez trabaja para ADN Cuba (que recibió 410 710 USD de Usaid este año) y el oficial Timothy Zúñiga-Brown ha hecho de chófer para miembros del MSI. Los miembros del MSI apoyan a Trump y las sanciones hacia Cuba. Al menos dos miembros del MSI han apoyado abiertamente a Trump. Un portavoz del MSI, Michel Matos, le dijo a The Washington Post que el presidente Biden no debería regresar las “viejas políticas” de Obama si Cuba no cumple con las demandas de EE. UU.».

A pesar de no haber prueba alguna de que el MSI estuviera financiado por el Gobierno estadounidense, que este último hiciera declaraciones a favor de los artistas —como suele pasar cada vez que algún disidente se da a conocer fuera de Cuba— fue suficiente para desacreditar el movimiento en su totalidad.

Meses más tarde, Luna Olavarría Gallegos —estratega digital del medio— firmaba una carta en respuesta a la que había publicado una semana antes The New York Review of Books pidiendo la liberación de Luis Manuel Otero Alcántara —artista y miembro del MSI—. En la contracarta se justificaba la detención del artista y se repetía la desinformación propagada por el Gobierno cubano.

El documento alegaba (sin pruebas) que Otero Alcántara recibía pagos mensuales de EE. UU. y utilizaba videos compartidos por la prensa oficialista para «desmentir» la huelga de hambre a la que se había sometido. Además, reprochaba a los firmantes de la misiva original que le prestaran más atención al bienestar del artista que a la «guerra híbrida» que el Gobierno estadounidense supuestamente llevaba a cabo contra la isla.

Estas posturas no son de extrañar si se tiene en cuenta quién está detrás de BOTB. Entre los productores ejecutivos de la serie figuran el actor Danny Glover, el director Oliver Stone, Medea Benjamin y Jodie Evans, todos con una larga historia de apoyo y colaboración con el Gobierno cubano.

En su página web, BOTB señala: «operamos sin ataduras, no representamos a ningún Gobierno ni trabajamos para ninguna corporación o billonario. Nuestro financiamiento proviene de donaciones individuales». Sin embargo, la declaración es falsa. Según su sitio web, BOTB recibe donaciones a través del Center for Independent Documentary (CID), una organización sin fines de lucro registrada en Boston. Desde 2020, CID ha recibido donaciones por valor de 1 314 043 USD de Roy Singham y Medea Benjamin a través de People’s Support Foundation (PSF), Benjamin Fund y Environmentalism Through Inspiration (Etina), y de Goldman Sachs Philanthropy Fund —como parte de un esquema de financiamiento explicado en el texto anterior—.

Roy Singham
Roy Singham

Estrategias discursivas en The War on Cuba

Si se toman de buena fe las declaraciones de BOTB, pudiera entenderse que su labor es la cobertura de temas de interés para el público norteamericano no hispanohablante y el posicionamiento crítico sobre un asunto de política exterior (el embargo económico hacia Cuba). Sin embargo, sus producciones demuestran que sus intereses implican la defensa del régimen cubano y la alineación clara con las narrativas de la isla hacia el exterior. En The War on Cuba hay varios ejemplos de una mirada sesgada que cuenta únicamente una parte de la realidad —como el tercer episodio de la serie, enfocado en las brigadas médicas y el sistema de Salud cubano—.

Durante años, varias organizaciones de derechos humanos y medios internacionales han denunciado los abusos del Gobierno cubano a los galenos que participan en misiones en el extranjero y que son parte de un proyecto de renta de servicios médicos. El Gobierno de la isla y sus aliados califican las misiones médicas de internacionalistas, apelando al imaginario de la solidaridad y el internacionalismo; pero la forma en la que estas operan demuestra que se trata de un proyecto fundamentalmente económico de carácter extractivista.

El régimen cubano se queda con, al menos, el 75 % del salario que cobran los médicos del Gobierno que los recibe; el 25 % restante es para los galenos, pero un porcentaje de ese importe es retenido en una cuenta bancaria en Cuba hasta su retorno. Durante la misión, agentes de inteligencia cubanos restringen la libertad de movimiento y de asociación de los médicos. Asimismo, se prohíbe la entrada al país durante al menos ocho años a los doctores que no regresen a Cuba al finalizar su contrato.

Aunque los abusos de las autoridades cubanas contra sus médicos estén documentados por fuentes fiables, el tercer episodio de The War on Cuba califica esas críticas de exageraciones de los políticos republicanos estadounidenses. Mientras Oliva reconoce que el Gobierno cubano cobra por las misiones médicas, no explicita que estas constituyen una de las principales fuentes de ingreso del régimen, por las que recaudan cerca de 9 billones de dólares anuales. Oliva admite que la Administración de la isla se queda con el 75 % del salario de los médicos, pero miente al afirmar que ese porcentaje se invierte de forma íntegra en el sistema de Salud.

El régimen de La Habana no declara en qué invierte los miles de millones de dólares que recibe de las misiones médicas. Sin embargo, desde 2014, la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) hace públicos anuarios que muestran algunas de las inversiones del Estado por sector. Desde hace al menos una década, las inversiones en las empresas controladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) —entre las que figuran los hoteles— han aumentado estrepitosamente a la vez que han disminuido las inversiones en sanidad, educación y agricultura. En 2020, el Gobierno cubano invirtió 51 veces más en concepto de «servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler» y «hoteles y turismo» que en «Salud Pública y asistencia social».

En el tercer episodio de The War on Cuba, Oliva entrevista a Juan José Luis Alemán y a Mario Díaz, dos galenos que participaron en misiones médicas. En sus conversaciones con Oliva, le restan importancia a las críticas. Luis Alemán señala: «Cada vez que pienso en que es probable que no me hayan pagado mucho, yo nada más me acuerdo de las caras que se salvaron». Díaz va un paso más allá, se hace eco del discurso gubernamental y afirma que ese 75 % con el que se queda el Gobierno «lo invierten [en Cuba] en obras sociales, en la reparación de las instituciones de Salud, en la compra de materias primas para producir medicamentos (…). No es que se lo coge el presidente».

Los datos del Gobierno cubano no indican que su intención sea invertir la riqueza generada por las misiones médicas en servicios públicos. Las paupérrimas condiciones en las que se encuentran los hospitales de la isla y el hecho de que la mayoría de los cubanos deban comprar sus medicamentos y material médico (como guantes y jeringuillas) en el mercado negro a precios exorbitantes —dada la incapacidad del Gobierno de producirlos o gestionarlos— tampoco indican que haya alguna inversión significativa en el sistema sanitario.

Pocos días después de las protestas del 11 de julio de 2021, BOTB publicó tres videos cortos cubriendo el tema. En el primer audiovisual se muestran varios grupos de manifestantes gritando eslóganes como: «¡No más comunismo, queremos libertad!» y «Díaz-Canel, singao». Según Daniel Montero, periodista del medio y narrador del video, «las sanciones estadounidenses, intensificadas durante la Administración Trump, propiciaron la crisis económica en Cuba. Sin embargo, los manifestantes cargaron su ira contra el Gobierno cubano».

En el segundo video, BOTB contrasta las declaraciones de Francis Suárez —gobernador de Miami— y la de algunos cubanos en Miami que tras las protestas abogaron por una intervención militar de EE. UU. en Cuba con las de cinco cubanos en la isla que se oponen a ello firmemente. El video no menciona que los rumores que circularon sobre la supuesta invasión estadounidense fueron desmentidos por medios como AP y Reuters tan pronto como el 14 de julio de 2021 (el video de BOTB se publicó el 19 de julio).

En el tercer video, Daniel Montero intenta minimizar la violenta respuesta del Estado cubano a las protestas comparándolas con las que sucedieron dos meses antes en Colombia. «En Colombia, las fuerzas de seguridad mataron a un mínimo de 44 personas; en Cuba, a una persona. En Colombia, miles de personas fueron detenidas; en Cuba, cientos. En Colombia, las fuerzas de seguridad dispararon a los ojos de los manifestantes con proyectiles no letales; en Cuba, las fuerzas de seguridad no utilizaron gas lacrimógeno o balas de goma».

Montero recurre al whataboutism característico del Gobierno cubano e ignora los múltiples videos que muestran a la Policía cubana abriendo fuego contra civiles y a las fuerzas parapoliciales apaleando a los manifestantes.

En noviembre de 2021, BOTB dedicó dos vídeos de su serie The War on Cuba a repetir varios de los mismos argumentos y silencios de los tres vídeos cortos que habían publicado en el verano. En el primero, Liz Oliva viaja a San Antonio de los Baños, el municipio donde tuvo lugar la primera manifestación. Oliva, al igual que Montero, busca reducir las causas de las protestas a la escasez de alimentos, medicamentos y electricidad —que le achaca al embargo— utilizando testimonios que refuerzan esa posición e ignoran la dimensión política de las protestas. Uno de los cubanos entrevistados lamenta que no pueda comprar en las tiendas en divisas por culpa del «bloqueo».

En julio de 2020, el Gobierno cubano comenzó a vender artículos de primera necesidad en monedas extranjeras en tiendas controladas por los militares. Esta estrategia de captación de divisas que perjudicó a los cubanos que no reciben remesas desde el exterior —propiciando las protestas en los barrios más pobres de la isla y el atraco de varias tiendas— no puede achacársele al «bloqueo».

Incluso, después de 2021 —año crítico para las condiciones de vida de la población cubana—, el Gobierno siguió tomando medidas que agravan la desigualdad y profundizan el esquema de segregación económica. Aumentó la cantidad de tiendas físicas que venden en dólares y abrió tiendas online —registradas fuera de Cuba— a través de las cuales los cubanos en el exterior compran bienes básicos a precios descomunales para cubanos dentro de la isla.

Más adelante, Oliva afirma que las publicaciones bajo el hashtag #SOSCUBA —que fue trending topic en X luego de que estallaran las protestas— formaban parte de una campaña impulsada por bots desde fuera de la isla. El supuesto propósito era exagerar la dimensión de los sucesos en Cuba para justificar una intervención de EE. UU. La acusación fue desmentida por el medio venezolano Cazadores de Fake News; el cual, utilizando el marco T-Hoarder, demostró que la mayoría de los tuits que utilizaron el hashtag provenían de humanos —no de bots— ubicados en Cuba, no en Estados Unidos.

No amerita crítica alguna posicionarse con respecto a un tema de interés político, utilizar recursos para impactar la discusión pública y usar producciones audiovisuales al servicio de una agenda de incidencia. Sin embargo, utilizar medias verdades, afirmaciones falsas y tratar la información para que sirva únicamente a la postura defendida sí es problemático y entra en contradicción con la ética periodística.

Esas estrategias son fundamentales para la manera sesgada en la que BOTB muestra la realidad cubana, aunque terminen opacadas por el hecho de que la serie se filma en Cuba y que su columna vertebral son las entrevistas a personas dentro de la isla. A ojos foráneos, tales entrevistas informales pueden parecer un respaldo de la veracidad de la tesis central de la serie —la culpabilidad de las sanciones estadounidenses en las dificultades cotidianas—. Aun así, las entrevistas terminan por esconder la lógica de la expresión pública en un régimen como el cubano, caracterizada por la repetición acrítica de la desinformación y propaganda gubernamental.

El uso de testimonios que siguen la línea argumentativa de BOTB sirve, además, para presentar la crítica al Estado cubano como exageración o invención del Gobierno estadounidense —la cual amplifican varios de los grandes medios de comunicación internacionales por ser parte, supuestamente, de una conspiración para distorsionar la realidad cubana y justificar el embargo—.

Las supuestas distorsiones «de afuera» son contrarrestadas con los testimonios de los «de adentro» que representan «la verdad oculta» sobre Cuba que Liz Oliva se propone desvelar en cada episodio. Los cubanos «de adentro» son siempre personas antiimperialistas que, aunque puedan tener algunas posiciones críticas con su Gobierno, las subordinan a la visión central de que el principal responsable de la crisis económica cubana es Estados Unidos. En su posición es siempre reconocible cierta indiferencia por la miseria en la que viven.

Los cubanos «de afuera» aparecen, en cambio, como un monolito blanco, rico, conservador y extremista que reside en Miami y controla la política estadounidense hacia Cuba. Irónicamente, la «Cuba desde adentro» que BOTB muestra en sus videos no es muy distinta a la que vive en la imaginación de muchos extranjeros que siguen viendo la isla como un lugar exótico y a los cubanos como seres que no quieren —ni merecen— los derechos de los que ellos sí disfrutan en sus respectivos países.

Del 11J en adelante: de campaña proactiva a campaña reactiva

Desde finales de 2020, tanto Belly of the Beast como el resto de los actores y las organizaciones de la Red vieron propicia la victoria del Partido Demócrata en noviembre de ese año y se concentraron en conseguir el levantamiento de las sanciones a Cuba mediante el cabildeo y la creación de una imagen favorable del sistema médico cubano.

Destacaron la capacidad sanitaria de la isla para lidiar con la pandemia de COVID-19; alabaron la creación de vacunas cubanas para mostrar la «superioridad moral» del proyecto socialista frente a la avaricia del capitalismo; y refutaron las críticas que recibieron las misiones médicas. Para ello, invirtieron en las producciones audiovisuales de BOTB y nominaron —en colaboración con el Instituto Simón Bolívar del régimen venezolano y con personalidades entre las que estaban Noam Chomsky, Alice Walker y Rafael Correa— a la brigada Henry Reeves para el Premio Nobel de la Paz.

La nominación fue publicitada como evidencia de la justeza de la labor solidaria de la Revolución. Esa acción puede entenderse como un claro intento de manipular y presionar al comité que analiza las aplicaciones al Nobel, ya que el procedimiento implica no hacer públicas las nominaciones y, por tanto, no hacer promoción de ellas para que no sean utilizadas como propaganda.

Aunque ya a inicios de 2021 fuera evidente el vínculo entre los distintos integrantes de la Red, las inéditas protestas del 11 de julio de 2021 los forzaron a cambiar el modus operandi a favor de un mayor nivel de coordinación y rapidez en la respuesta a los eventos. El 11J constituye un parteaguas para la Red porque las campañas en defensa del régimen cubano tuvieron que pasar —debido a la irrupción de eventos imprevistos— de una dinámica proactiva a una más reactiva.

Las campañas proactivas son articuladas alrededor de eventos y procesos que pueden ser presentados como logros y bondades del proyecto político del Estado cubano, a pesar de los numerosos cuestionamientos internos. Es el caso de las misiones médicas, las vacunas, el referendo del Código de las Familias y las elecciones de delegados a la Asambleas Municipales del Poder Popular.

Las campañas reactivas surgen en respuesta a eventos no previstos que socavan de manera profunda el edificio narrativo de la propaganda gubernamental —como el 11J o el incendio de la Base de Supertanqueros en Matanzas el 5 de agosto de 2022—. Demandan, en consecuencia, una movilización activa para la (re)construcción y defensa de los relatos del Estado cubano. Así, la narrativa sobre el 11J se enfocó en negar el carácter endógeno de las protestas y atribuirlas a la presión económica resultante del embargo de Estados Unidos hacia Cuba y a planes de desestabilización directa.

Un ejemplo de la «activación» de la Red que se produjo tras el 11J es la de un medio que, hasta ese punto, no había cubierto el tema Cuba: BreakThrough (BT) News. Tras las manifestaciones del 11J, BT News publicó tres audiovisuales haciéndose eco de la desinformación estatal cubana: un video corto y dos conversatorios; uno con Manolo de los Santos y otro con Gail Walker —exdirectora ejecutiva de Pastors for PeacePastors for Peace: iniciativa de The Interreligious Foundation for Community Organization (IFCO). Desde 1992, coordinan envíos de ayuda humanitaria a Cuba a través de su «Friendshipment Brigade». — y Gloria la Riva —activista estadounidense vinculada con Party for Socialism and Liberation (un partido marxista-leninista), quien viaja con frecuencia a la isla y se reúne con las autoridades cubanas—.

Al igual que BOTB, BT News es un medio que produce contenido audiovisual y que se presenta como independiente y comprometido con «desmentir» la que consideran propaganda de la prensa tradicional. Su cercanía con The People’s Forum no es evidente únicamente a través de la visión y acción conjunta al servicio del Gobierno cubano, sino en el hecho de que comparten el mismo edificio en el centro de Nueva York.

Claudia de la Cruz, quien codirigió BT News y The People’s Forum hasta 2023, es codirectora de Code Pink, directora ejecutiva de Pastors for Peace, y fue candidata a la presidencia estadounidense por el Party for Socialism and Liberation (PSL) en las elecciones de 2024. BT News es financiado por Justice and Education Fund (JEF) –una organización codirigida por Manolo de los Santos– y Goldman Sachs Philanthropy Fund, de las cuales ha recibido 2 103 685 USD en donaciones desde el 2017.

El equipo de BT News tiene un historial internacional que permite entender su posición de aliado incondicional del Gobierno cubano. Rania Khalek, una de las presentadoras del medio, formó parte de un equipo de «periodistas» afiliados con la prensa rusa que desempeñaron un rol clave en el lavado de imagen del régimen de Bashar Al-Assad. Durante varios años, Khalek produjo contenido audiovisual para Soapbox y Redfish, así como para The Grayzone —el medio fundado por Max Blumenthal y su esposa Anya Parampil, ambos reconocidos propagandistas del Gobierno ruso—.

Tercer Foro Sindical Internacional
Rania Khalek, Max Blumenthal y Anya Parampil en el Tercer Foro Sindical Internacional organizado por el régimen sirio. Tomada de EA WorldView

Un artículo de Muhammad Idrees Ahmad para Al Jazeera explica la labor de figuras como Khalek, Blumenthal, Benjamin Norton y Aaron Maté al servicio del régimen de Al-Assad, y describe su trabajo como junket journalism. Se trata de un tipo de «periodismo» mediante el cual periodistas y analistas afines a regímenes autoritarios viajan a esos países para valerse de la experiencia de haber visto la «realidad» con sus propios ojos. Así, producen luego reportajes favorables a los Gobiernos que los reciben y que les permiten llevar a cabo su trabajo propagandístico sin impedimento.

«Esta forma moderna de turismo», explica Ahmad, «es mercenarismo, nula convicción, indiferencia al sufrimiento ajeno y (está) motivada únicamente por la avaricia». En el caso cubano, esas estrategias —que podrían denominarse «mercenarismo mediático»— son observables en los testimonios producidos por los activistas extranjeros que viajan a Cuba como parte de «brigadas solidarias», un fenómeno que se explorará en el siguiente y último texto de esta serie.

En el servicio al régimen de la isla, BT News también recurre al junket journalism e invita como «expertos» a funcionarios del Gobierno cubano cuya evidente fidelidad al sistema para el que trabajan les impide hacer una valoración objetiva de los temas tratados. En enero de 2022, Rania Khalek viajó a Cuba y entrevistó a Johana Tablada —subdirectora de la Dirección General de EE. UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex)—, al Dr. Vicente Vérez Bercomo —director del Instituto Finlay—, a Aleida Guevara —hija del Che—, y al Dr. Juan Jesús Luis Alemán —el galeno que «desmintió» la explotación de las brigadas médicas cubanas en una entrevista con Liz Oliva para BOTB—.

BT News también ha resultado instrumental en el apoyo a diversos regímenes que, dada su hostilidad con Estados Unidos, son aliados naturales del Gobierno cubano. En diciembre de 2021, Rania Khalek y Eugene Puryear —otro de los presentadores del medio— viajaron a Etiopía para blanquear el genocidio llevado a cabo por las fuerzas armadas etíopes y eritreas contra la población de Tigray, mostrándolo como una manipulación de la prensa internacional.

En julio de 2024, Rania Khalek viajó a Venezuela y reportó desde allí el proceso electoral, refrendó el fraude y repitió los contenidos de la propaganda del régimen madurista. Esos contenidos —con las lógicas diferencias contextuales—, se asemejan bastante a los que produce el Gobierno cubano: responsabilidad de las sanciones estadounidenses en la debacle económica, intervención para cambio de régimen y la identificación de la oposición con el fascismo.

El reciclaje continuo de argumentos sin importar el contexto indica un nuevo nivel de articulación entre varios autoritarismos a escala global; una articulación que depende de la propagación de ciertas narrativas en las que medios como BT News han desempeñado un rol fundamental.

De alt a mainstream a lobbying: la evolución del ala mediática de la Red

BT News constituye, junto con medios como People’s Dispatch —que también ha sido clave en la reproducción de la desinformación oficialista cubana—, New Frame y Brasil De Fato, el ala mediática de International People’s Assembly (IPA), un conglomerado de organizaciones, instituciones y partidos políticos de izquierda. Entre ellos también figuran Code Pink, Tricontinental, los movimientos del ALBA, la Central de Trabajadores de Cuba y el Centro Martin Luther King Jr. (estos dos últimos controlados por el Gobierno cubano).

Aunque el propósito de BT News y Belly of the Beast sea, en esencia, igual —crear una imagen favorable del Gobierno cubano para un público angloparlante—, BOTB no pertenece a IPA. BOTB se ha esmerado para mantener la imagen de un pequeño medio independiente basando su contenido en entrevistas a ciudadanos en vez de a funcionarios.

A diferencia de medios como BT News, The Grayzone, MintPress News, Geopolitical Economy Report y Kawsachun News, los «periodistas» de BOTB no tienen un historial de apoyo y de colaboración con regímenes como el ruso, el sirio, el venezolano, el nicaragüense o el etíope —regímenes más repudiados a nivel internacional que el cubano—. Por el contrario, Liz Oliva y Daniel Montero —los dos presentadores principales de BOTB— son jóvenes cubanos nacidos y educados en la isla, desconocidos antes de comenzar a trabajar para BOTB; lo cual les permite venderse como representantes y portavoces del «pueblo cubano» ante un público anglosajón y le otorga al medio una autenticidad de la que carece BT News.

La aparente autenticidad ha permitido a BOTB —que cuenta con solo el 3 % de los seguidores de BT News en YouTube— salirse de la burbuja de los medios financiados y vinculados a la Red para irrumpir en los medios mainstream, a los cuales critican con frecuencia.

En esa labor ha resultado fundamental Ed Augustin, un periodista inglés residente en Cuba desde hace más de una década que integró el equipo de BOTB en sus inicios. A diferencia de la mayoría de los periodistas extranjeros en Cuba —quienes deben estar afiliados a medios con corresponsalías en la isla—, las autoridades cubanas han permitido a Augustin llevar a cabo su trabajo de periodismo como freelancer. Sus artículos y reportajes han aparecido en medios como The Nation, The Guardian, The New York Times, Al Jazeera, NBC News y France24.

En 2017, tras la muerte de Fidel Castro, Augustin criticó en Al Jazeera a los grandes medios internacionales —esos que lo han contratado en numerosas ocasiones— por enfocarse en las violaciones de derechos humanos perpetradas bajo el régimen castrista. Argumentó que en Cuba hay otra concepción de lo que constituyen los DD. HH. y se burló de los disidentes, asegurando que «hasta los cubanos que odian a Castro bromean que lo primero que hacen las Damas de Blanco después de su protesta semanal es ir al centro comercial a gastarse el dinero que les mandan desde Miami».

En 2022, en respuesta a una publicación de la periodista independiente Mónica Baró en Facebook sobre su posición con respecto a las sanciones estadounidenses, Augustin le restó importancia a los fusilamientos llevados a cabo por el régimen cubano, a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) —escribió que «pasó hace muchas décadas»— y a las condiciones en las cárceles cubanas.

Augustin modula su discurso según la audiencia. Sin embargo, un hilo común en su trabajo sobre Cuba es el enfoque excesivo en la política exterior estadounidense y la escasa —o nula— atención que le presta a la política interna del país, a la que presenta con frecuencia como mera reacción de los líderes cubanos a las decisiones tomadas por el Gobierno de EE. UU. El sesgo se advierte en los cinco ensayos publicados por Augustin y Daniel Montero en The Guardian tras las protestas del 11J. Se trata de textos que buscaban validar, de forma sutil, los argumentos de la Administración cubana con respecto a lo acontecido.

En los artículos, Augustin y Montero atribuyeron las manifestaciones a factores externos (las sanciones de Trump y la pandemia), describieron a los manifestantes como violentos e insinuaron —haciendo referencia a los programas de la NED y citando a oficiales cubanos— que las manifestaciones eran, en gran medida, resultado del supuesto adoctrinamiento llevado a cabo por medios independientes cubanos.

Desde las protestas populares del 11J, las personas asociadas a BOTB han aparecido en medios de izquierda como Democracy Now!, The Real News, Jacobin o The Nation, además de en medios más tradicionales del mainstream estadounidense (ABC News, NPR o WLRN). Estos últimos, lejos de cuestionar el sesgo de BOTB o su vínculo con personas como Medea Benjamin, lo han presentado como un medio independiente más.

El 11J también cambió el modelo de producción de BOTB. Los tres primeros episodios de The War on Cuba —su primer proyecto— se emitieron entre el 9 y el 24 de octubre de 2020. Desde esa fecha y hasta julio de 2021, el medio se mantuvo relativamente inactivo, publicando solo tres videos de uno o dos minutos en un período de nueve meses. La segunda temporada de The War on Cuba se emitió en noviembre de 2021 y finalizó un año más tarde, con cuatro episodios menos de lo previsto en un inicio.

Desde diciembre de 2021 hasta enero de 2023, BOTB se enfocó exclusivamente en la diseminación de contenido corto (entre uno y cuatro minutos), lo cual redujo el tiempo de grabación y edición de sus videos. Este ritmo de producción más acelerado le ha permitido movilizarse con mayor rapidez para responder a las noticias de actualidad que no sean favorables al Gobierno cubano.

«Cuban Protests after Hurricane Ian “Not Political”». Tomado de YouTube.

A partir de enero de 2023, BOTB comenzó a diversificar su contenido incorporando entrevistas a académicos, analistas y políticos estadounidenses acríticos con el Gobierno cubano como Fulton Armstrong, Hal Klepak y Jeffrey Sachs. Estos «expertos» le sirven al medio para «desmentir» las «manipulaciones» del mainstream y validar sus argumentos en un formato de video más largo.

A mediados de 2023, BOTB retomó la producción de documentales con el propósito de ampliar su alcance más allá de YouTube y de las redes sociales. En esa estrategia han sido claves los tours que Liz Oliva ha realizado para presentar los documentales de BOTB, tours que le han permitido al medio forjar alianzas con diversos actores y organizaciones en Estados Unidos.

El primer tour tuvo lugar tras el estreno de The War on Cuba a finales de 2021. Oliva presentó la serie en eventos coordinados con organizaciones que forman parte de la Red (The People’s Forum, Code Pink, Party for Society and Liberation y The Black Alliance for Peace).

El segundo tour fue anunciado el 24 de septiembre de 2023 en la cuenta de X de la dirección estadounidense del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) —el órgano de Gobierno cubano encargado de forjar alianzas con grupos de «solidaridad» en el exterior—. Según el tuit, Liz Oliva viajaría a 16 ciudades en EE. UU. y Puerto Rico para presentar dos nuevos documentales de BOTB que buscaban «exponer qué [había] detrás de la política de Biden hacia Cuba».

Entre octubre y noviembre, Oliva visitó 53 organizaciones «solidarias», sindicatos, centros culturales y de investigación; y universidades prestigiosas como Stanford, UCLA, la Universidad de Massachussets-Amherst y la Universidad de Michigan.

Los documentales —titulados Hardliner on the Hudson y Uphill on the Hill— se enfocan en la historia de las sanciones estadounidenses hacia Cuba, en la comunidad cubanoamericana y en el exrepresentante Bob Menéndez, quien en enero de 2025 fue sentenciado a 11 años de prisión por corrupción y soborno.

Ambos documentales recurren a iguales tácticas de desinformación características de BOTB: se utilizan medias verdades para achacarle los problemas de la isla al embargo y se reproducen estereotipos comunes sobre la comunidad cubanoamericana (los terroristas/mafiosos de Miami vs. los moderados de Nueva Jersey). Se critican también aspectos de la política estadounidense que BOTB nunca ha cuestionado en la política cubana; como que el hijo de Bob Menéndez tenga una carrera política gracias a su padre, mientras que en Cuba sigue en el poder la misma familia desde hace más de seis décadas.

En Uphill on the Hill, Oliva viaja a Capitol Hill, donde se reúne con Fulton Armstrong —exanalista de la CIA devenido defensor acérrimo del Gobierno cubano—, Medea Benjamin —quien va acompañada por miembros de Code Pink y de Acere— y el representante demócrata Jim McGovern. Más adelante, Oliva aparece en la sala de prensa del Departamento de Estado, donde cuestiona la inclusión de Cuba en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo.

Sala de prensa del Departamento de Estado
Liz Oliva en la sala de prensa del Departamento de Estado. Tomada de YouTube.

Aunque el alineamiento con las narrativas del Gobierno cubano ha sido evidente desde el inicio, en los últimos tres años BOTB ha conseguido llegar a la arena política estadounidense para impulsar su agenda. El logro ha sido posible, en gran parte, gracias a los contactos y los recursos de Medea Benjamin —activista y lobista de larga data—, cuya influencia sobre el medio ha pasado desapercibida. Uphill on the Hill muestra el nivel de coordinación que existe entre BOTB y Acere —la organización lobista que, al igual que BOTB, fue creada en 2020 y que es financiada por Benjamin—.

En los últimos años, BOTB, Acere y Code Pink han buscado incidir sobre un ala del Partido Demócrata que aboga con frecuencia por el fin del embargo. El ala en cuestión abarca la coalición integrada por congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Jamaal Bowman y Cori Bush —conocida como «The Squad»—; así como Barbara Lee, Gregory Meeks y Jim McGovern, entre otros —todos más a la izquierda en el espectro político que la mayoría del Partido Demócrata—.

En lo que a política exterior estadounidense respecta, estos congresistas están a favor de la contención: abogan por disminuir el envío de armas al exterior y se oponen al uso de sanciones a Gobiernos extranjeros como medida coercitiva.

Las razones que pueden llevar a estos políticos a oponerse a las sanciones hacia Cuba son varias y no necesariamente implican un apoyo al Gobierno de la isla. Para algunos, el uso de sanciones generalizadas es inmoral. Otros creen que el fin del embargo podría propiciar la democratización de Cuba. Aquellos con una mirada más empresarial piensan en el potencial de inversión de la isla y en competir con superpotencias como Rusia y China. Para políticos como Barbara Lee —quien ha viajado a Cuba con la Brigada Venceremos—, la oposición al embargo sí se debe a una afinidad con el régimen cubano. Sea por pragmatismo o por relación ideológica, en los últimos años, esta ala del Partido Demócrata ha hecho causa común con los miembros de la Red y se ha mostrado receptiva a sus esfuerzos cabilderos.

Arrojar luz sobre las ambiciones políticas de BOTB, sus alianzas y sus mecanismos de financiamiento evidencia la hipocresía del medio. BOTB ha acusado en numerosas ocasiones al National Endowment for Democracy —una organización estadounidense fundada en 1983 que, en sus inicios, asumió varias de las funciones de la CIA y que hace donaciones a distintas organizaciones de la sociedad civil en más de 100 países— de llevar a cabo una operación de «cambio de régimen» en Cuba.

Varios medios independientes cubanos y organizaciones de monitoreo de derechos humanos han recibido donaciones de la NED a lo largo de los años, lo cual les ha merecido críticas del Gobierno de la isla, así como de periodistas y académicos, quienes los han acusado de ser agentes de influencia de Estados Unidos. BOTB no explica cómo se llevaría a cabo una supuesta operación de «cambio de régimen», ya que las organizaciones que reciben los fondos están registradas fuera de Cuba y la mayoría de sus sitios webs están bloqueados en la isla.

Aunque el propósito de las organizaciones sea cambiar la opinión pública rompiendo el monopolio informativo del Partido Comunista, la criminalización de los medios —así como la falta de derechos tan básicos como la libertad de asociación— refutan la idea de que puedan, por sí solos, derrocar al Gobierno cubano. BOTB obvia, además, que existen numerosas organizaciones que han recibido becas de la NED aun cuando sus países han estado gobernados por Partidos de derecha —como Colombia o Guatemala— y no han sido acusadas de responder a intereses extranjeros.

Las acusaciones de BOTB resultan irónicas dado que el medio es financiado por dos ciudadanos estadounidenses —Medea Benjamin y Roy Singham— a través de una organización sin fines de lucro registrada en EE. UU. (Center for Independent Documentary) que, a su vez, recibe donaciones de Mass Cultural Council, de National Endowment for the Arts y de National Endowment for the Humanities.

A pesar de recibir fondos del Gobierno estadounidense, BOTB nunca ha sido acusado de mercenarismo por el régimen de La Habana, el cual tampoco le ha impedido llevar a cabo su trabajo en la isla —como sí sucede con los periodistas cubanos que no reproducen las narrativas gubernamentales acríticamente—.

Además de operar con normalidad en Cuba, BOTB también ha llevado a cabo su trabajo de «periodismo» e incidencia en EE. UU. sin obstáculo alguno. Aunque sus vínculos con el Gobierno cubano están bien documentados, a las autoridades estadounidenses parece no haberles importado que BOTB no pague impuestos sobre sus ingresos, que utilice fondos públicos para incidir sobre la política del país (lo cual es ilegal) o que no se haya registrado bajo el Foreign Agents Registration Act (FARA). Resulta irónico que el país al que BOTB acusa de ser menos democrático que Cuba le haya permitido burlar —en algunos casos— y beneficiarse —en otros— de sus leyes y llevar a cabo su agenda de defensa autoritaria sin repercusión alguna.

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El 26 de octubre de 2024, durante un mítin pro-Trump en Lancaster, Pensilvania, Elon Musk proclamó que X —la plataforma previamente conocida como Twitter que el multimillonario adquirió por 44 billones de dólares en 2022— «es el futuro». «Es periodismo ciudadano —continuó— del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». 11 días más tarde —tras la victoria de Donald Trump en las elecciones de ese año— Musk le decía a sus más de 200 millones de seguidores en X de manera tajante: You are the media now («Tú eres la prensa ahora»).

Aunque la hostilidad de Donald Trump contra cualquier medio mínimamente crítico con su agenda o persona fue evidente durante su primera campaña electoral, los ataques a la prensa desde su retorno a la Casa Blanca en enero de 2025 no tienen precedentes. Desde febrero de 2025, la nueva Administración ha congelado los fondos de numerosos proyectos periodísticos en decenas de países financiados por agencias gubernamentales como Usaid, NED y la Agencia de Estados Unidos para los Medios Globales (Usagm). Estas acciones forman parte de un programa de recortes públicos masivo encabezado por Musk que busca, según él, mejorar la «eficiencia» del Gobierno y erradicar la «agenda liberal».

El desfinanciamiento de la prensa pública, las constantes amenazas a los medios mainstream y las medidas tomadas por aliados de Trump como Musk o Mark Zuckerberg —fundador y CEO de Facebook— para acabar con el fact-checking en nombre de la libertad de expresión, han creado un ambiente propicio para la suplantación gradual del legacy media por las redes sociales y los medios alternativos.

La inconsistencia en la cobertura de ciertos temas en la prensa tradicional —por ejemplo, la guerra en Gaza— ha sembrado la desconfianza en un público cada vez más ávido de voces y narrativas que lo ayuden a entender qué sucede en países con culturas e idiomas que le son ajenos. Muchos medios alternativos se aprovechan de este desconocimiento para posicionarse como los únicos portadores de una verdad que el mainstream busca supuestamente ocultar. Si hay algo que caracteriza tanto a los medios alt de extrema derecha como a los de extrema izquierda es el tono conspiranoico y alarmista que ve al enemigo —ya sea la CIA, George Soros o el woke mind virus— detrás de cada noticia que no sea favorable a la posición que respaldan.

Las medidas de Trump han afectado a una buena parte de la prensa independiente cubana y a la sociedad civil exiliada que dependía de los fondos estadounidenses para llevar a cabo su trabajo de reportaje, investigación y monitoreo —trabajo que servía no solo para informar sobre noticias de actualidad, sino para ofrecer asistencia legal a los familiares de presos políticos, así como para documentar y denunciar los abusos de derechos humanos cometidos por el Gobierno cubano frente a organismos internacionales—. Esas medidas tomaron por sorpresa a muchos cubanos que no pensaron que la política trumpista de «mano dura» con el régimen de La Habana pondría en jaque el trabajo de «promoción de la democracia» que tanto republicanos como demócratas han apoyado durante décadas.

Otros cubanos, sin embargo, se han mostrado indiferentes a los recortes de los medios que alguna vez los mantuvieron informados sobre su país de origen. Para muchos —en especial para quienes votaron por Trump y quienes se suscriben al nuevo «libertarismo» popularizado por figuras como Javier Milei—, los medios independientes cubanos suponían una carga innecesaria para el contribuyente cubanoamericano que, hoy por hoy, prefiere informarse escuchando a sus influencers favoritos que leyendo artículos.

La motosierra de Trump y la indiferencia de una parte no despreciable del exilio cubano han creado, paradójicamente, un ambiente en extremo favorable para medios «alternativos» como BOTB, los que han celebrado que el presidente norteamericano —al que critican con frecuencia— le haya cerrado el grifo a la competencia. Para BOTB y demás medios vinculados con la Red, el actual panorama no supone una amenaza para su trabajo ya que su financiación no depende de las arcas públicas, sino fundamentalmente de las generosas donaciones de actores millonarios con suficientes recursos y knowhow para mantener el entramado mediático a flote en estos tiempos de incertidumbre.

Aunque es improbable que la actual Administración republicana regrese a una política de acercamiento con la isla sin concesiones à la Obama, los próximos cuatro años podrían ser beneficiosos para los actores de Red. La hostilidad de políticos como Marco Rubio contra el régimen cubano permitirá a BOTB —por oposición— seguir presentándose como la voz de la razón en la conversación en inglés sobre Cuba, lo que aumentaría su capacidad de incidencia en la opinión pública a través de la prensa, el ámbito académico y las fuerzas políticas progresistas en EE. UU.

Miguel Díaz Canel